jueves, 28 de enero de 2010

RENÉ PREVAL: UN PAÍS NO MUERE, HAITÍ PERDURARÁ!...

El presidente de Haití, René Préval, durante el funeral por Monseñor Alex Serge Miot, arzobispo de Puerto Príncipe / AP / Gerald Herbert

28 enero
JOAQUIM IBARZ
PUERTO PRINCIPE (ENVIADO ESPECIAL) 27/01/2010 Actualizada a las 22:46h
Internacional

En una nación golpeada hasta el límite, con la población desmoralizada y en busca de cualquier salida, el nacionalismo parece el salvavidas al que aferrarse. Para dar algo de autoestima al país, el presidente René Préval ordenó a las escasas emisoras de radio que siguen operativas transmitir cada hora el himno nacional. "¡Por el país, por la patria, marchemos unidos!", dice una estrofa. La casi inexistente administración de Préval lanzó un llamamiento dramático para levantar al país: "Unámonos por la supervivencia de nuestra patria".
Sin haber aparecido en público desde el seísmo, Préval habló en cadena nacional de radio para transmitir un mensaje de esperanza. "Mis amigos, mi gobierno llora. Mis amigos, gente de Haití, seamos solidarios. Unámonos. Naciones Unidas y el Gobierno se reorganizan. ¡Haití perdurará!"
René Préval recibe a La Vanguardia en un cuartelillo de la policía situado en las inmediaciones del aeropuerto, en el que ha instalado un germen de gobierno. Desde un despacho improvisado de apenas seis metros cuadrados, el presidente haitiano intenta construir una mínima administración. Los ministros acuden a verle en motocicleta porque es el transporte más rápido. Fuera, bajo una bandera que sigue ondeando a media asta, se congregan decenas de haitianos en espera de respuestas. Tan pronto ven salir a Préval comienzan a gritar exigiendo ayuda y empleo. Préval es un presidente que ha superado un cáncer de próstata detectado en 2006; intenta levantar su gobierno con una capital destrozada, con centenares de miles de muertos y más de millón y medio de damnificados. Ningún mandatario ha enfrentado una tarea semejante.
"Es una catástrofe sin parangón que golpeó con saña al país más pobre del hemisferio occidental.
Siendo ya muy pobres, en 30 segundos perdimos el 60% de nuestro producto interior bruto. Nadie ha sido tan golpeado. Es como si hubieran caído aquí cinco bombas como las de Hiroshima. Al que llega aquí le parece que Puerto Príncipe ha sido bombardeada durante semanas. En menos de un minuto los edificios del Gobierno desaparecieron como castillo de naipes. Perdimos nuestras señas de identidad, que tendremos que recuperar. El Gobierno no es que estuviera paralizado, es que no existía."

Periódicamente Haití es golpeada por golpes de Estado, dictadores o catástrofes naturales. ¿Es un país sin futuro?
El Estado se desplomó pero nos levantaremos poco a poco. Un país no muere. Un pueblo no muere. Se viven problemas y dificultades, pero los pueblos sobreviven. Hemos pasado catástrofes tremendas. El año pasado nos golpearon cuatro ciclones seguidos. Con el apoyo externo construiremos una nueva capital y sentaremos las bases para que Haití, de una vez, pueda sobrevivir con sus propios recursos. Desde hace años dependemos de la ayuda internacional. Nuestra meta es crear fuentes de riqueza que permitan mantenernos con nuestro esfuerzo. Será un proceso largo y difícil, pero vamos a intentarlo.
Habla de construir una nueva capital. ¿Se buscará un nuevo emplazamiento para Puerto Príncipe?
Puerto Príncipe no se debe reconstruir en cualquier lugar. El terremoto confirmó que una falla tectónica atraviesa el emplazamiento actual. Debemos tenerlo en cuenta al tomar cualquier decisión. Los técnicos decidirán el lugar más conveniente para levantar el nuevo Puerto Príncipe. Y dirán cómo construir para que no se vuelva a desplomar en el próximo seísmo. No debemos reconstruir en el mismo sitio. Debemos emplear técnicas antisísmicas. Es más caro pero a largo plazo resulta más barato. Tenemos que construir de acuerdo a un plan general. Antes del terremoto Puerto Príncipe ya era un caos urbanístico. En este país no ha habido orden ni concierto por la inestabilidad política, las dictaduras, los golpes de Estado. La gente hacía lo que quería. Se preocupaba de conseguir comida y no del urbanismo. Ahora debemos diseñar la nueva ciudad, toda construcción deberá tener una autorización.
Terminado el rescate de personas, enterrados los muertos en fosas comunes, ¿cuál es la prioridad actual?
Ayudar a la gente que acampa en las calles en condiciones muy precarias. Estamos terminando de planificar los campamentos para alojar a 400.000 fuera de la capital. Así será más fácil, y sobre todo más ordenado, el reparto de comida, agua, atención médica, servicios higiénicos. Otra prioridad es mejorar la distribución de la ayuda. Una vez hemos limpiados las calles de cadáveres, debemos volcarnos en trasladar a lugares dignos a los supervivientes. A diario se producen desórdenes y tumultos en el reparto de la ayuda. Los soldados a menudo han de hacer disparos al aire para poner un poco de orden.La comida aún no se distribuye bien, en algunas zonas no llega con regularidad. Eso desespera a la gente. Para que no haya desorden, cada uno debe saber que no es la única víctima. La ayuda tiene que llegar al que realmente fue afectado. La sociedad civil, el sector privado, las asociaciones de profesionales y las iglesias se han movilizado para ayudar en el reparto. Muchos impulsan iniciativas particulares para facilitar comida en sus barrios.
¿El mundo reaccionó con prontitud tras la catástrofe?
Durante unas horas el mundo supo que aquí tuvimos un gran terremoto pero no pudimos informar sobre lo que había pasado. Ni nosotros lo sabíamos. Las comunicaciones se cortaron, las calles eran intransitables. Tan pronto se conoció el alcance de la destrucción, la ayuda empezó a afluir. El mundo ha sido muy generoso con Haití, tanto a nivel de gobiernos como de bomberos, médicos, rescatadores, enfermeros y enfermeras que han hecho un gran esfuerzo físico y personal para salvar vidas. Ahora, toda esa ayuda tiene que ser organizada y canalizada para que llegue bien a la población.
¿Por qué se tardó tanto en empezar a distribuir la ayuda?
No estábamos preparados para gestionar tanta generosidad. Las infraestructuras del país son endebles, el aeropuerto se colapsó en unas horas. Cuando aterrizaba un avión nos preguntaban: ¿Dónde están los camiones para transportar la ayuda? Y no teníamos camiones. ¿Dónde están los depósitos para almacenar las donaciones? Y no teníamos depósitos. Por eso es importante mejorar la coordinación, para saber cuánto, cómo y dónde distribuir la ayuda.
¿Quién dirige el reparto de la ayuda, el Gobierno, la ONU, Estados Unidos?
De momento cada quien hace lo que puede. El Gobierno intenta coordinar el reparto, señalando los lugares donde precisan con más urgencia la ayuda. No tenemos medios para distribuirla nosotros mismos. Centramos los esfuerzos en mejorar la coordinación para ser más eficaces.
¿EE.UU. tiene a su cargo la seguridad de Haití?
Para dirigir la seguridad contamos con la colaboración de EE.UU. y de la ONU. La mermada policía haitiana hace lo que puede. Antes de la catástrofe, nuestras fuerzas de seguridad estaban en fase de restructuración. Generales brasileños dirigen la misión de estabilización de la ONU, con un 70% de soldados de América Latina. El terremoto echó por tierra nuestros esfuerzos por crear una policía propia, honesta y eficiente.
¿Quién manda en Haití? ¿Obama o René Préval?
Estados Unidos siempre han sido respetuoso con la institucionalidad del Estado haitiano. Hay más soldados norteamericanos porque EE.UU. es el país más poderoso de la tierra. No hay que criticar su presencia sino agradecer el esfuerzo que hacen al enviar a tantos hombres a Haití, pese a estar combatiendo en las guerras de Iraq y Afganistán. A veces veo que el mundo es injusto con Estados Unidos. Muchos países envían tropas a Haití, España también, porque atravesamos circunstancias excepcionales. Sin plena seguridad no se distribuirá la ayuda y no podrá comenzar la reconstrucción. Obama ha sido muy generoso con Haití porque ha comprendido que el país no puede salir adelante con sus propios medios.
La Vanguardia tituló: "Menos soldados y más albañiles". ¿Está de acuerdo?
Hacen falta soldados para la seguridad pero necesitamos también, y en mayor número, ingenieros, arquitectos, técnicos en construcción, maquinaria de obras públicas y, sobre todo, financiación. Los albañiles los pondremos nosotros.
La corrupción es uno de los problemas endémicos de Haití. Transparencia Internacional califica a la administración de su país como una de las más corruptas del mundo. Tanto los ricos como los pobres temen que buena parte de la ayuda del exterior termine en los bolsillos de ministros y altos funcionarios. ¿Cómo podrá poner freno a tanta corrupción?
Enfrentamos el gran reto de que la ayuda no caiga en manos de corruptos. Tiene que haber una supervisión, y hasta gestión internacional para que la ayuda no caiga en manos ilícitas. Nos jugamos la credibilidad y el futuro del país. Habrá que extremar los controles para evitar la corrupción. No podemos fallar a los países que tanto nos han ayudado.
Joaquim Ibarz, La Vanguardia, 27.01.10

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