lunes, 11 de agosto de 2014

PESTE NEGRA EN PRIMERA PERSONA....

Una fosa común localizada en una basílica de Barcelona guardaba los restos de más de 120 personas fallecidas por la epidemia que asoló Europa en el siglo XIV

Barcelona 11 AGO 2014 - 00:08 CEST32           
 
Las ratas devoran a un difunto, según una representación de 'Le Miroir Historial', del siglo XV, que se conserva en el Museo Condé de Chantilly.
La epidemia sembró Europa a lo largo del siglo XIV de millones de cadáveres y acabó con la vida de entre 25 y 30 millones de personas en apenas seis años, casi la mitad de la población, según algunos estudios. En España sus habitantes se redujeron de seis a dos millones y medio de personas.
Las fuentes hablan de los estragos de pueblos y ciudades para controlar el avance de la enfermedad. Pero los restos arqueológicos escasean. Se conocen fosas en Londres o East Smithfield (Reino Unido), Praga (Chequia) o en Marsella, Martigues o Potiers (Francia), pero en España no se han documentado o no se han publicado, estos enterramientos masivos durante la peste del siglo XIV.
La excavación realizada durante 2012 en la sacristía de la iglesia, cuyos resultados se han publicado ahora, ha proporcionado restos de una estructura funeraria relacionada con este hecho tan traumático. Los fallecidos fueron perfectamente alineados, envueltos en sudarios de lino y colocados en 11 capas diferentes sobre las que se vertían grandes cantidades de cal viva disuelta en agua con la intención de sellar la tumba, mitigar los efectos y la propagación de la enfermedad, pero también para luchar contra el intenso olor a putrefacción de los cadáveres. Según Dominique Castex, de la Universidad de Burdeos, que dirige la línea de investigación vinculada a la peste negra en Europa, que ha realizado el estudio bio arqueológico de estos restos humanos "el entierro múltiple de Barcelona es, a día de hoy, en el territorio español el único ejemplo de estructura funeraria en relación con la plaga".
 
 
 
Vista general de la fosa excavada en el interior de la basílica de Sant Just i Pastor. / irene gibrat
La cronología del hallazgo, por los fragmentos cerámicos recuperados y la datación del C14, sitúan este enterramiento masivo en la primera mitad del siglo XIV. Además, tras la publicación del estudio en el último número de la revista Quaderns d’Arqueologia i Història de la Ciutat de Barcelona (Quarhis) que edita el Museo de Historia de Barcelona, se ha sabido el resultado de ADN obtenido en varios de los dientes de los enterrados. Realizados por el profesor Johannes Krause de la universidad alemana de Tübinguen, han confirmado la presencia de la bacteria yersinia pestis, que afectaba a las ratas negras y otros roedores y se transmitía a través de los parásitos que vivían en esos animales, sobre todo las pulgas, que al picar a los humanos inoculaban el bacilo.
 
Los primeros síntomas de esta enfermedad eran fiebre alta, escalofríos, nauseas, sed, agotamiento y temblores. Algunos sufrían abultamiento de los ganglios de ingles, axilas y cuello, al invadir el bacilo el sistema linfático. El ganglio linfático recibía el nombre de bubón y de ahí el término "peste bubónica". Todos morían entre los tres y cinco días.
 
En Barcelona las fuentes hablan de brotes de la enfermedad en los años 1348, 1350, 1362, 1371 y 1375. Recogen los conflictos sociales derivados de la situación en la que los judíos del Call fueron acusados, como ocurrió en muchos otros lugares europeos, de propagar la enfermedad contaminando los pozos de agua. También se conocen las medidas adoptadas por el Consell de Cent, el gobierno de la ciudad, para proteger a la población, pero hasta ahora no se conocían datos arqueológicos sobre la epidemia.
Detalle del 'individuo 57', uno de los 120 cadáveres localizados. / irene gibrat
"Cuando empezamos a desenterrar los restos de la fosa no hubo duda de que estábamos ante los efectos de una epidemia. Los huesos, perfectamente conservados por las condiciones óptimas del suelo, no presentaban heridas ni lesiones traumáticas que pudieran haber causado la muerte. Se trataba, además, no solo de restos masculinos, sino de los dos sexos y de personas de todas las edades. Había desde individuos de unos 43 años, hasta niños de corta edad, de apenas un año, según se ha podido determinar los estudios antropológicos y de mineralización dental de Castex. Los niños y adolescentes, entre 5 y 19 años, serían el 41% del total de los restos. Todos fueron enterrados en un mismo momento o en un espacio de tiempo muy corto, entre 48 horas y 5 días de diferencia", explica Julia Beltrán, directora científica de los trabajos arqueológicos que se realizan desde 2011 en el interior de la iglesia de Sant Just i Pastor, dentro del Plan Barcino del Ayuntamiento de la ciudad que pretende poner en valor los restos romanos que se conservan en la ciudad.
Pese a lo desesperante de la situación: no había personas ni cementerios suficiente para enterrar a los miles de muertos, según las fuentes, los cadáveres no fueron arrojados a la fosa de cualquier manera. En un intento de aprovechar al máximo el espacio, los individuos se colocaron muy cerca unos de otros, situados de forma cuidada e intencionada manteniendo siempre la conexión anatómica. Casi todos fueron enterrados en decúbito supino, estirados boca arriba, con los brazos, bien flexionados sobre el pecho o el abdomen o a los lados del cuerpo, mientras que las piernas siempre aparecen estiradas.
 
La fosa no se ha podido excavar entera porque fue cortada un siglo después de realizarse para construir los muros del templo gótico actual. Los arqueólogos han hecho un cálculo de sus dimensiones reales: 4 de largo por 3,5 metros y 1,5 de profundidad, y, teniendo en cuenta la densidad de los restos localizados, interpretan que en realidad los individuos que pudieron estar enterrados allí rondarían los 400 personas. Todos fueron enterrados desnudos --su ropa se quemaba por miedo al contagio-- apenas envueltos en una especie de sábana, que hacía de sudario, cuyos restos, o la impronta de los mismos, se han conservado gracias a la acción de la cal. Lo extraño es que no ha aparecido ningún objeto personal. "Solo una hebilla de hierro", puntualiza Beltrán.
 
El hallazgo de la fosa demuestra que, pese a tratarse de una epidemia, no se alteraron los hábitos de comportamiento sociales; no se adoptaron medidas excepcionales como en Londres, donde se crearon dos cementerios en East Smithfield para enterrar a 2.400 individuos. "En esta iglesia, como en otros templos de Barcelona se siguió enterrando en sus propios cementerios. En la de Santa Maria del Pi se compraron las casas de alrededor de la iglesia deshabitadas por la defunción de sus propietarios, y en la catedral se sabe, por unos trabajos realizados en 1972, que los muertos se enterraban en los cimientos del edificio gótico que estaba en construcción, aunque no se han encontrado datos arqueológicos que lo confirmen", remacha Beltrán.
 
Desde que fueron excavados los restos humanos no han abandonado la iglesia de Sant Just i Pastor. Tras ser numerados y colocados en bolsas individuales los esqueletos permanecen en un almacén de la iglesia, a la espera de que los trabajos concluyan. "Siempre que se han localizado restos humanos, de la época que sean, por respeto, se han vuelto a enterrar ", explica Beltrán que ha coordinado el equipo multidisciplinar en el que, además de Castex y Krause, se han integrado miembros del Museo Textil de Terrassa y el Departamento de Ingeniería Textil de la Universidad de Barcelona que han analizado los restos de los tejidos.
 
El resultado de todos las investigaciones sobre la fosa de Sant Just i Pastor se han incorporado a la tesis doctoral en marcha que se realiza en la Universidad de Burdeos sobre la peste en Europa. Para el mes de septiembre está prevista la cuarta campaña de excavación en el interior de la iglesia. Los resultados seguro que no defraudarán.
 

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